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mércores, 19 de novembro de 2014

A MENSAXE POLO OCÉANO

Destácanos a parte poética desta noticia polo que nos parece oportuno recollela na nosa propia viaxe. Xa nos gustaría estar estudando no cole de O Pindo para poder participar  desta aventura que están a vivir as nenas e nenos desa escola. 

 

El mensaje que viajó por el océano de Maine a Carnota

Desde un centro norteamericano lanzaron hace un año una pequeña embarcación que el pasado viernes fue hallada por un vecino en la playa de Quilmas

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Los alumnos de O Pindo posan con el barquito que ha llegado desde Maine. SANDE
El mar arroja en ocasiones pequeños tesoros que, más allá de su valor económico, esconden singulares historias capaces de unir a dos pueblos alejados por miles de kilómetros. Una de ellas tiene como protagonistas al colegio de O Pindo, en Carnota, y a la Academia Marítima de Maine, en Estados Unidos. Desde este centro norteamericano lanzaron hace un año una pequeña embarcación que el pasado viernes fue hallada por un vecino en la playa de Quilmas. Siguiendo las instrucciones que figuraban en un texto escrito sobre el propio barquito, el ciudadano dejó la pieza en la escuela más cercana. Allí, alumnos y profesores realizaron ya indagaciones para conocer la procedencia de la nave e incluso para darle continuidad a la misión.
Aunque ya sobre el casco de la pequeña embarcación de fibra, de aproximadamente un metro de eslora, aparece una escueta leyenda con algunos datos sobre los propietarios de la pieza, en un compartimento estanco del interior, perfectamente conservada, una carta explica con detalle que se trata de una de las nueve lanchas arrojadas al mar en noviembre del 2013, en el marco de un programa oceanográfico relativo al estudio de las corrientes. En el documento se pide también a quien encuentre el artefacto que, si no sabe qué hacer con él, lo lleve al centro educativo más próximo. En otro espacio del interior del barquito cruzaron el océano Atlántico un dólar, una baliza y un GPS.
Nada más recibir el hallazgo, la directora del colegio de O Pindo, Sagrario Castro, contactó con la Academia Marítima de Maine: «De momento, o único que fixen foi enviarlle unha mensaxe sinxela para dicirlles que o barco estaba no noso poder. Eles amosáronse moi emocionados e interesados por obter información do colexio e da zona na que aparecera a embarcación. Haberá conversas futuras seguro».
El objetivo del centro es intensificar estos contactos para conocer los detalles del proyecto en el que se enmarcó el lanzamiento de la pequeña lancha. Puesto que en su interior había también varias fotografías sobre el aspecto que tenía el barco cuando fue arrojado al mar, en el colegio de O Pindo quieren restaurar la pieza para que siga su camino: «O orixinal tiña unha vela que se ve que a perdeu na travesía. A nosa intención é arranxar o barco e decidir incluso o que imos introducir no seu interior antes de devolvelo ao mar», explicó la directora.
Y es que otra de las peticiones que se hacen desde la carta que viaja en el interior del pequeño buque es que aquel que lo encuentre debe arrojarlo de nuevo al agua para que siga su camino. Pero, de momento, los alumnos del colegio de O Pindo disfrutan del que se ha convertido en el invitado de excepción del centro, acaparando todas las miradas.
De quien no se sabe nada es del vecino que halló el barco. Lo dejó en el colegio de forma anónima, pidiendo que simplemente se siguieran las instrucciones.

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